Nos adentramos en la tercera galería de las especiales dedicadas a la festividad del Corpus; en esta ocasión seguimos ofreciéndoles imágenes de los altares que pudimos ir admirando a lo largo de la procesión según el orden de aparición si tenemos en cuenta el itinerario tradicional.
El séptimo altar se situaba en la confluencia de la calle Párroco Antonio Ruíz con Hermanos Machado y que tradicionalmente viene siendo presidido por la imagen de María Inmaculada, la popular Purecita de la Cabella de la Iglesia Parroquial y que su camarista tiene a bien instalar ante la fachada de su domicilio.
Un altar donde en los últimos años no se viene observando ningún cambio ni novedad en su disposición y elementos que lo exornan, destacando el gran toldo celeste que lo cobija rematado por una especie de caída con borlones.
La imagen de la Virgen viste de celeste tanto saya y manto y luce su ráfaga tradicional y corona de plata y se sitúa ante un dosel de brocado celeste, iluminada por candeleros y siendo exornado el altar por centros de claveles blancos, margaritas, gladiolos y algún que otro tipo de flor blanca.
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El octavo altar se viene instalando desde los tres últimos años en la citada calle Hermanos Machado en el zaguán de un domicilio particular ya que recordemos que esta calle al encontrarse inclinada hace difícil su instalación en la propia vía.
Al ser un portal de reducidas dimensiones, lo hace destacar por su sencillez y humildad donde una imagen de la Virgen del Rocío ataviada con atuendo de Pastora viene a ocupar la totalidad del mismo, siendo completado por la imagen de un Niño Dios vestido de Seise sevillano a sus pies y sendas jarras con pan, vino y espigas, al igual que una jarra y una copa.
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Si el pasado año en la calle Del Pilar no pudimos admirar el tradicional altar que se sitúa en la misma, este año sí hemos podido disfrutar del mismo, junto a la recuperación de otro de los tradicionales que no se instalaba desde hacía siete años, así como la instalación de uno nuevo, por lo que nos encontramos tres altares en dicho tramo del recorrido.
La imagen del Señor aparecía sobre una peana ante un dosel pintado y rematado por una cenefa de buena factura; lo iluminaban dos candeleros neogóticos que lo escoltaban así como dos pequeñas peanas pertenecientes a su propio altar de la Parroquia y donde se situaban dos ramos de claveles blancos.
El noveno altar ha sido novedad este año en esta calle como ya hemos citado anteriormente, situado ante la fachada de un domicilio particular y presidido por la imagen de una Virgen de Fátima, acompañada por la imagen de un Niño Jesús, que como venimos observando suele ser muy común en los hogares pileños debido al especial cariño que le tenemos a nuestro conocido Niño de las Carreritas.
La imagen de la Virgen aparece ante un dosel encabezado por un cuadro con una imagen de María y es iluminada por sendos candeleros de distintos tamaños y dos guardabrisas más próximos, exornado el altar por dos centros de flores blancas variadas.
Se completa la mesa de altar con una sagrada Biblia, pan y uva, un cáliz, espigas y a los pies con una bandeja de plata sobre la que se sitúa una jarra y mantel.
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El décimo altar ha venido siendo un reclamo en los últimos años ya que era uno de los clásicos y que lo pudimos ver por última vez en 2005. Se trata del presidido por la imagen del Sagrado Corazón de Jesús de la Iglesia Parroquial situado ante la fachada del domicilio de una familia muy cofrade de la calle Del Pilar y que tradicionalmente se había encargado del montaje del mismo.
Ante el altar se situaba otro de menor tamaño donde se situaba un pequeño dosel que cobijaba un ostensorio rodeado de dos cirios, así como pan, espigas y uvas.&
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Para finalizar esta tercera galería les mostramos el décimo primer altar, situado tradicionalmente ante la fachada de un domicilio muy belenero de la calle Del Pilar y que tras su ausencia el pasado año, hemos podido volver a disfrutar del mismo.
Presidido por un cuadro con una pintura que fue el motivo principal del cartel de la Coronación Canónica de la Santísima Virgen de Belén, enmarcado por una cenefa celeste que a su vez se situaba ante unas colgaduras rojas que tapaban así toda la fachada del domicilio. Otras dos colgaduras de damasco blanco rematadas por flecos y con un corazón de plata en el centro de cada una, escoltaban el cuadro de la Virgen.
Presidido por un cuadro con una pintura que fue el motivo principal del cartel de la Coronación Canónica de la Santísima Virgen de Belén, enmarcado por una cenefa celeste que a su vez se situaba ante unas colgaduras rojas que tapaban así toda la fachada del domicilio. Otras dos colgaduras de damasco blanco rematadas por flecos y con un corazón de plata en el centro de cada una, escoltaban el cuadro de la Virgen.
En la parte superior, correspondiente al balcón del domicilio que también aparecía ataviado con colgaduras, se situaba una imagen del Sagrado Corazón de Jesús. La mesa de altar aparecía ante el cuadro de la Virgen presidido por un cuadro con una pintura de San José, escoltado por dos jarras de flores, dos candeleros, un Crucificado, así como un cáliz, pan, uvas y espigas situadas sobre una estola bordada en sedas de colores.
Texto: Víctor M. Mudarra Fuentes.
Fotografías: Mari Paz Sánchez y Manuel Rodríguez.
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