jueves, 12 de marzo de 2015

Reportaje. Septenario Doloroso de María Santísima en su Soledad y del Santísimo Cristo del Descendimiento.

Durante los días del 1 al 7 de marzo, la Hermandad de la Soledad celebró en la Iglesia Parroquial de Santa María la Mayor el Solemne Septenario Doloroso a sus imágenes titulares, el Santísimo Cristo del Descendimiento y María Santísima en su Soledad. 

Como es costumbre, las imágenes presidieron un altar efímero situado ante el altar mayor que quedó cubierto por una gran colgadura de terciopelo burdeos que sirvió de fondo al plan de altar donde pudimos ver al Cristo del Descendimiento crucificado y a sus pies, la Santísima Virgen de la Soledad. 

La imagen del Señor lució potencias de plata de ley bañada en oro con piedras  preciosas realizadas por el orfebre Gustavo Larios en Hinojos  y donadas por un hermano en 2013, así como corona de espinas coronando sus sienes. Por su parte, Nuestra Señora lució bellísima vistiendo saya en terciopelo negro bordada en aplicacíón en 1995 por el taller Bordados Salteras gracias a la donación de una hermana, mientras que el manto, también en terciopelo negro, está bordado en aplicación por hermanas de la Hermandad bajo diseño de Dubé de Luque y dirección de Diego Colchero en 1998. 

Llevaba la Virgen sobre sus sienes corona dieciochesca de plata bañada en oro,   como así lo era el puñal que llevaba en su pecho junto al escudo de la Hermandad. En sus manos, pañuelo de encaje y rosario de oro, mientras que un recogido tocado de encajes enmarcó su rostro, rematado en el pecho por un encaje dorado.

El altar fue exornado según los cánones tradicionales con variaciones a penas imperceptibles con respecto al año anterior, sólo a prueba de los ojos de los más atentos y amantes de los detalles. Así, un nutrido grupo de candeleros y candelabros de guardabrisas pusieron luz al conjunto, exornado por las jarras del paso de palio que portaron claveles blancos en contrapunto con el centro de claveles rojos situados a los pies del Cristo. El relicario de la Beata Rafaela Ybarra fue situado a los piles de la Santísima Virgen de la Soledad. 


Las columnas del templo aparecieron cubiertas de colgaduras, así como los laterales del altar mayor, revistiendo de solemnidad estos cultos. Pudo contemplarse el dorado de dos de los cuatro blandones de madera tallada que se realizaron hace unos años para los cultos de esta Cofradía. 

Múltiples detalles que se nos escapan pero que, a través de las fotografías, podrán reconocer y disfrutar: 
























Texto y Fotografías. Víctor M. Mudarra Fuentes.

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